Era ya muy oscuro, y aquella noche muy fría,
Tan solo el
silencio era el que corría.
Nadie
susurraba, el sueño los vencía,
Pero aquel
hombre de cuando en cuando gemía.
Era ya la hora en que se divisaba
Una gran turba que
uno encabezaba.
Unos con palos
otros con espadas
Todos
corrieron como en manadas.
Hubo
bofetadas y castigos más,
Para el que
decía: a todos amarás.
Los grandes lo llevaron al que temían
Unos lo
acusaban y otros le mentían,
La noche avanzaba y se detenía.
Las llamas se agotaban y se consumían.
Era ya la hora donde uno decían
A este no
conozco y le maldecían.
Y le había jurado,
que con el moriría
Ahora
lo cubre, la cobardía.
Ya muy temprano lo exhibieron
Y una corona ellos le pusieron,
Lacerando su
costado le escupía
Todos a su lado le escarnecían.
Romano, judíos, mujeres y
soldados
Lo desposeían tirando los dados,
Todos aquellos de el se burlaban
Con una
mueca a el despreciaban.
Hubo silencio y gran tempestad
Cuando murió
por la humanidad.
Unos lloraban, otros no creían
pero aquel hombre ya no vivía.
Ahora la tumba era muy fría
Y una gran piedra la puerta cubría
Aquellos soldados se desvanecieron
Y unos
judíos a el corrieron
Cuando escucharon que al Señor vieron.
No hay comentarios:
Publicar un comentario