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sábado, 9 de marzo de 2019

La religión enceguece


Religión, palabra sin sentido, palabra que no se comprende, que contradice, que guarda respeto al oprobio, y desecha lo verdadero.
La religión es la luciente y esplendida envoltura que cubre un arma mortal. ¿Acaso no es la religión la que esclaviza?  La religión luce su traje brillante en las ceremonias, en los festines y rituales, pero muestra sus mordazas y garras ante la misericordia, la comprensión y el amor.
 La religió abusa, retiene y entorpece. La religión siembra el miedo, es envidiosa, y supersticiosa. Usa amuletos para retener al que cree en ella, crea ilusiones en el ignorante y entrega falsas promesas a los que buscan bienestar.  
Los religiosos han aceptado sus preceptos, caminan erguidos por el orgullo, por la prepotencia. Ellos usan su dedo para señalar, para tocar las heridas del caído, usan su apariencia para escarnecer al humilde. Se gozan en la injusticia, buscan lo suyo y pervierten la inocencia.
 Festeja los días solemnes, dicta días sagrados y ritualiza las fechas, pero su conducta es espantosa.
Los religiosos torturan, blasfeman, levantan falso testimonio, asesinan… en el día más solemne, en el día más sagrado, en el día que compartía su pan… Crucifican al inocente, crucifican al amor, crucifican a su Creador… Jesús es muerto en manos de los religiosos ese día, el día de la Pascua.
Es contradictorio, resulta incomprensible, ¿Quién puede entenderlo? La religión luce su mayor falta y demostró su fracaso. No te engañes las cosas no han cambiado.
Por lo tanto, Dios no tiene nada que ver con religión, no la defiende, no la establece.
Dios se muestra al ser humano tal y como es El, sin religión que lo adorne, sin ritualismos ni amuletos. Sin disfraces ni cumplido, solo con misericordia y amor, solo con juicio y verdad.
Dios se encarna, Dios encuentra espacio en el humilde y sencillo de corazón, busca la sinceridad del alma y recompensa la honestidad. Dios se manifiesta mediante la creación, a través de un silbido apacible y por medio de su Palabra.
 No atiende la soberbia, solo deja que se ahogue. Se aleja del religioso, y perdona al arrepentido.
Así es, Dios no es religión, Dios es amor…


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