Cierto día un hombre despertó
y repentinamente tomó una pequeña mochila, empezó a caminar. Caminó sobre el
pavimento, sobre la roca sólida, pisando las hojas secas del bosque y escalando
grandes montañas. En su andar, buscaba el camino secreto, y bajo las ramas de
los árboles escudriñaba cada hoja, cada pequeño tronco.
Su mirada en tardes de verano
se fundía en el horizonte. Cada noche buscaba en las pléyades su camino, en los
amaneceres escuchaba atentamente el canto de cada ave... trataba de entender su
mensaje, de encontrar la senda.
Había recorrido muchos
senderos, carreteras y callejones. Había buscado en cada espacio y rincón… pero
no logró hallarlo.
Una noche cualquiera, sentado
bajo el gigantesco domo, escuchaba con atención los violines de los grillos,
palpaba la caricia de la brisa, y de pronto… de pronto una estrella fugaz
iluminó su vida, su luz entró hasta su corazón...
Por fin las cosas empezaban a tomar sentido,
había entendido...
Centenares y miles de
pensamientos rebotaban en su mente, las ideas se acomodan y una indescriptible
esperanza de fe se gestaba en su interior.
Sus oídos se cerraron al
ambiente y pudo abrir los oídos del alma, encontró contento en su espíritu y pudo
sentir el abrazo del que estaba a su lado…
Ahí se dio cuenta que nunca
caminó solo, que jamás habló a solas...se dio cuenta que cada hoja, bosque,
riachuelo, y trino de las aves le estuvieron hablando.
Sorprendido cayó de rodillas,
recordó aquella tarde de verano donde contempló el majestuoso ocaso en la costa,
y como pequeños cangrejos y otras criaturas buscaban refugio en la arena.
¿Quién los alimentaba?
¿Por qué las aves no dejaban
de cantar?
¿Quién dio el curso a los
ríos?
¿Quién pone límite a los
mares?
¿Por qué las estrellas no
dejan de brillar?...
Preguntas y preguntas...
entraban en su interior, respuestas y respuestas salían de su corazón.
Las aves y riachuelos, los
mares y los cangrejos, las estrellas y las hojas conocían su camino, no había
preocupación en ellos, tan sólo confiaban, confiaban en su Creador...
Así de rodillas se perdió en
el tiempo, pero antes de rayar el alba, cuando la luz se mezcla con las
tinieblas, entendió las palabras de un anciano predicador que su madre
escuchaba por la radio, que decía:
“Jesús les hablo diciendo: Yo
soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá
la luz de la vida”. Jn.8:12
También recordó: “Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” Jn.14:6
Ahí estaba el camino que tanto
buscaba, ahí estaba la senda por la cual podía andar confiado, ya no más
preocupación, ya no más desasosiego, había encontrado todo lo que da sentido a
la vida.
¡Sí, sí, sí, las aves lo
habían entendido! por eso cantaban cada
mañana.
“Mirad
las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin
embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más
valor que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir
una hora al curso de su vida? 28 Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis?
Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; 29 pero os
digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. 30 Y si Dios
viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará
mucho más por vosotros, hombres de poca fe? 31 Por tanto, no os preocupéis,
diciendo: ``¿Qué comeremos? o ``¿qué beberemos? o ``¿con qué nos vestiremos? 32
Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre
celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas. 33 Pero buscad primero su
reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mt.6:26-33
Perplejo aquel caminante, sentía…
sentía que todas estas palabras cobran vida en su interior, su rostro
resplandeció como el nuevo amanecer, era un nuevo nacimiento:
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te
digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino
de Dios.” Jn. 3:5.
“El
que cree en mí, como ha dicho la Escritura: ``De lo más profundo de su ser
brotarán ríos de agua viva”. Jn.7:38
Mt.
11:28-30
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