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Renacer

martes, 7 de julio de 2020

El camino de un peregrino

Cierto día un hombre despertó y repentinamente tomó una pequeña mochila, empezó a caminar. Caminó sobre el pavimento, sobre la roca sólida, pisando las hojas secas del bosque y escalando grandes montañas. En su andar, buscaba el camino secreto, y bajo las ramas de los árboles escudriñaba cada hoja, cada pequeño tronco.

Su mirada en tardes de verano se fundía en el horizonte. Cada noche buscaba en las pléyades su camino, en los amaneceres escuchaba atentamente el canto de cada ave... trataba de entender su mensaje, de encontrar la senda.

Había recorrido muchos senderos, carreteras y callejones. Había buscado en cada espacio y rincón… pero no logró hallarlo.

Una noche cualquiera, sentado bajo el gigantesco domo, escuchaba con atención los violines de los grillos, palpaba la caricia de la brisa, y de pronto… de pronto una estrella fugaz iluminó su vida, su luz entró hasta su corazón...

 Por fin las cosas empezaban a tomar sentido, había entendido...

Centenares y miles de pensamientos rebotaban en su mente, las ideas se acomodan y una indescriptible esperanza de fe se gestaba en su interior.

Sus oídos se cerraron al ambiente y pudo abrir los oídos del alma, encontró contento en su espíritu y pudo sentir el abrazo del que estaba a su lado…

Ahí se dio cuenta que nunca caminó solo, que jamás habló a solas...se dio cuenta que cada hoja, bosque, riachuelo, y trino de las aves le estuvieron hablando.

Sorprendido cayó de rodillas, recordó aquella tarde de verano donde contempló el majestuoso ocaso en la costa, y como pequeños cangrejos y otras criaturas buscaban refugio en la arena.

¿Quién los alimentaba?

¿Por qué las aves no dejaban de cantar?

¿Quién dio el curso a los ríos?

¿Quién pone límite a los mares?

¿Por qué las estrellas no dejan de brillar?...

Preguntas y preguntas... entraban en su interior, respuestas y respuestas salían de su corazón.

Las aves y riachuelos, los mares y los cangrejos, las estrellas y las hojas conocían su camino, no había preocupación en ellos, tan sólo confiaban, confiaban en su Creador...

Así de rodillas se perdió en el tiempo, pero antes de rayar el alba, cuando la luz se mezcla con las tinieblas, entendió las palabras de un anciano predicador que su madre escuchaba por la radio, que decía:

 

“Jesús les hablo diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Jn.8:12

También recordó: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” Jn.14:6

Ahí estaba el camino que tanto buscaba, ahí estaba la senda por la cual podía andar confiado, ya no más preocupación, ya no más desasosiego, había encontrado todo lo que da sentido a la vida.

¡Sí, sí, sí, las aves lo habían entendido!  por eso cantaban cada mañana.

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? 28 Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; 29 pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. 30 Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? 31 Por tanto, no os preocupéis, diciendo: ``¿Qué comeremos? o ``¿qué beberemos? o ``¿con qué nos vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas. 33 Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mt.6:26-33

Perplejo aquel caminante, sentía… sentía que todas estas palabras cobran vida en su interior, su rostro resplandeció como el nuevo amanecer, era un nuevo nacimiento:

 “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Jn. 3:5.

 

“El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: ``De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva”. Jn.7:38

 Según dicen los lugareños, aquel caminante volvió a su pequeña cabaña, enciende la chimenea cada noche y la silueta en la venta revela a un hombre de rodillas…

 Su mochila quedó olvidada en el camino del bosque, ahí yace como oscuros recuerdos de una vida sin sentido. Se confunde con el follaje, se descompone con la lluvia y desaparece cual carga indeseable…

 “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y HALLAREI DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS. 30 Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.”

Mt. 11:28-30

 


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