( Cuento)
Es
imposible descifrar lo que se presenta al otro lado de la noche -si es que
tiene lado- solo unas cuantas líneas inciertas se dejan ver a través de la oscuridad.
Es la luz de la luna que refresca los tristes surcos del rostro de aquel
hombre.
Un
chillido lento y pausado se oye de cuando en cuando, producto del vaivén de don
Juan en su mecedora. Y es Juan quien al caer la noche se sienta en su tosco corredor
de la lejana cabaña dentro del bosque, esperando algo, esperando un milagro, un
milagro que sería más que eso si se presentara; espera a su vieja esposa que
muy enfadada se retira de su casa aquella tarde de otoño donde las hojas de los
arboles sirven de manto a los pies de los habitantes. Y es que esa tarde doña
Julieta discute con don Juan; sobre su acabada porción de pan que junto al
remendado mueble se desgasta sin esperanza de más. Esa tarde sale Julieta con
paso grande a respirar un nuevo aliento, y como aquel pan junto a su remendado
mueble no regresa nunca.
Desde
entonces la soledad se presenta en don Juan, le saluda y habita con él. De
cuando en cuando reniega, y apoya sus codos en el marco de la ventana, y en ocasiones
sus pupilas le mienten en la oscura noche. Tan solo era una sombra, tan solo
era un reflejo de una palmera que se mese al ritmo del viento frio de noche de
invierno.
Cada
día se reafirma lo anunciado desde aquella tarde de otoño; su nueva compañera se
presenta para nunca dejarle, así fue, lo acompaño hasta sus últimos días.
Pero una tarde de otoño junto a aquel desgastado
mueble deja don Juan un pedazo de pan fresco, pero los lugareños no lo escuchan
más quejarse, ni ven su deslumbrado rostro junto al marco de la ventana.
¿Y
la mecedora?, la mecedora sigue chillando y la silueta reaparece todas las
noches de luna en aquel corredor, silueta con forma de una mujer esperando no
un pedazo de pan fresco, si no a su compañero, quien según los lugareños salió
en busca de su vieja esposa jurando que no regresaría hasta encontrarla.
Sin embargo,
la esperanza de aquella mujer no la abandona, y es más fuerte que los mismos
relatos de los lugareños, la esperanza está ahí, está en aquel pedazo de pan fresco
que parece insinuar que el juramento de don Juan no se cumpliría.
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