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domingo, 12 de agosto de 2018

Esperanza en un pedazo de pan.


                                                    ( Cuento)


Es imposible descifrar lo que se presenta al otro lado de la noche -si es que tiene lado- solo unas cuantas líneas inciertas se dejan ver a través de la oscuridad. Es la luz de la luna que refresca los tristes surcos del rostro de aquel hombre.
Un chillido lento y pausado se oye de cuando en cuando, producto del vaivén de don Juan en su mecedora. Y es Juan quien al caer la noche se sienta en su tosco corredor de la lejana cabaña dentro del bosque, esperando algo, esperando un milagro, un milagro que sería más que eso si se presentara; espera a su vieja esposa que muy enfadada se retira de su casa aquella tarde de otoño donde las hojas de los arboles sirven de manto a los pies de los habitantes. Y es que esa tarde doña Julieta discute con don Juan; sobre su acabada porción de pan que junto al remendado mueble se desgasta sin esperanza de más. Esa tarde sale Julieta con paso grande a respirar un nuevo aliento, y como aquel pan junto a su remendado mueble no regresa nunca.
Desde entonces la soledad se presenta en don Juan, le saluda y habita con él. De cuando en cuando reniega, y apoya sus codos en el marco de la ventana, y en ocasiones sus pupilas le mienten en la oscura noche. Tan solo era una sombra, tan solo era un reflejo de una palmera que se mese al ritmo del viento frio de noche de invierno.
Cada día se reafirma lo anunciado desde aquella tarde de otoño; su nueva compañera se presenta para nunca dejarle, así fue, lo acompaño hasta sus últimos días.
 Pero una tarde de otoño junto a aquel desgastado mueble deja don Juan un pedazo de pan fresco, pero los lugareños no lo escuchan más quejarse, ni ven su deslumbrado rostro junto al marco de la ventana.
¿Y la mecedora?, la mecedora sigue chillando y la silueta reaparece todas las noches de luna en aquel corredor, silueta con forma de una mujer esperando no un pedazo de pan fresco, si no a su compañero, quien según los lugareños salió en busca de su vieja esposa jurando que no regresaría hasta encontrarla.
Sin embargo, la esperanza de aquella mujer no la abandona, y es más fuerte que los mismos relatos de los lugareños, la esperanza está ahí, está en aquel pedazo de pan fresco que parece insinuar que el juramento de don Juan no se cumpliría.


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